#25N | Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer: estas son algunas reflexiones compartidas por docentes

16/11/2021
Las profesoras nos acompañarán en el episodio 5 de Conexión Podcast que se estrenará el 25 de noviembre

Desde enero del presente año, la Pontificia Universidad Católica del Perú, compartió algunas medidas para sumarse a la lucha de la violencia contra la mujer como institución educativa. De esta forma, implementó algunas medidas como por ejemplo: poner en vigencia el Reglamento Unificado de Procedimientos Disciplinarios, el cual incluye los Procedimientos en casos de hostigamiento o violencia aplicado a estudiantes, docentes y predocentes. Además, se cuenta con el Comité de Intervención frente al hostigamiento sexual, el cual se encarga de recibir las denuncias y descargos, canalizar la atención médica o psicológica de la víctima, y otorgar medidas de protección en caso de ser necesarias. Por otro lado, se presentó también el curso autoinstructivo “Bienestar y Convivencia en la PUCP: Prevención del hostigamiento sexual” dirigido a autoridades, profesores y jefes de práctica, que busca fortalecer el rol docente en la prevención y atención de este tipo de situaciones.

Profesoras del Departamento se unieron para compartir algunas reflexiones sobre los retos y desafíos en la lucha contra la violencia de género en la sociedad peruana, las comunicaciones y la Universidad.

Giuliana Cassano

«El gran reto en la lucha contra la violencia de género en la sociedad peruana es el gran cambio cultural que implica entender que la diferencia de género no significa una relación de subordinación de lo femenino y lo disidente, lo trans con respecto de lo masculino. La diferencia de género no supone nunca que un sujeto masculino -cualquiera sea su lugar en la sociedad, cualquiera sea su edad, su conocimiento o su poder- tenga el derecho de comentar, tocar, demandar, exigir, controlar, compartir, violentar simbólicamente, golpear o asesinar cualquier cuerpo femenino o disidente genéricamente construido. Lo importante es que los hombres en general deben entender que las mujeres no les pertenecemos a nadie, sino a nosotras mismas. Nuestros cuerpos son nuestros, nuestras libertades son nuestras, y nuestros sueños, también.

Desde las comunicaciones, el desafío es grande pues las, los, les comunicadores trabajamos con signos y símbolos, con diferentes lenguajes y construimos significado culturalmente situado, debemos reconocer y respetar siempre la diversidad y los derechos de todas, todos y todes.

En la Universidad, el desafío es mayor porque siendo una comunidad académica tenemos una responsabilidad con el país, con nuestra sociedad y principalmente con nuestras, nuestros y nuestres estudiantes. No debemos permitir que el círculo académico defienda a hostigadores sexuales, a personas que abusan del poder que se les ha otorgado por el voto o por el tiempo de pertenencia en nuestra comunidad. En ello, debemos continuar trabajando.»

Natalia Consiglieri

«La pandemia y el confinamiento han generado nuevos desafíos en torno a la lucha contra la violencia hacia la mujer. Si tomamos en cuenta que la manifestación de violencia de género más común es la violencia de pareja, el estar recluidas en un contexto de crisis, pone en situación de mayor vulnerabilidad a las mujeres. Para muchas, las familias y el hogar, lejos de ser contextos de protección y cuidado, devienen en lugares de riesgo. Por otro lado, un hecho alarmante es que, según data de la Defensoría del Pueblo, el número de niñas, adolescentes yadultas mujeres reportadas como desaparecidas se ha incrementado un 9% en relación al año pasado[1].

Nuestras universidades no están exentas de violencia de género en sus diversas expresiones. Aún tenemos mucho que hacer para contar con una universidad libre de hostigamiento sexual. Por otro lado, nos toca también confrontar las brechas de género en la academia y la gestión universitaria. Recuerdo, hace unos años, que una colega me invitó a hacer el ejercicio de identificar cuántas autoras mujeres había en la bibliografía que indicaba en las asignaturas que impartía. Grande fue mi sorpresa al ver, que yo misma, reproducida esa brecha en el propio diseño del curso. Si no visibilizamos el hacer público de mujeres, su aporte en la política, la academia y la cultura, no lograremos resquebrajar la base de ese gran iceberg[2] de la violencia de género. Como lo sugiere Amnistía Internacional,  en la punta podemos encontrar el feminicidio; por otro lado, en la base está esa cotidianidad normalizada asociada al micromachismo, la publicidad sexista, la invisibilización de mujeres en roles que rompen con estereotipos, etc. De ahí el aporte que podemos dar desde las comunicaciones: podemos cuestionar las representaciones estereotipadas de la mujer y generar otro tipo de narrativas. Actuar contra la violencia de género nos demanda actuar en los diversas partes del iceberg y eso implica, también, reconocer que, en su base, se encuentra el lugar de la cotidianidad.»

[1] Defensoría del Pueblo. Reporte Igualdad y no violencia N°21: “¿Qué pasó con ellas?”, octubre del 2021

[2] Ver: https://blogs.es.amnesty.org/madrid/2021/03/01/niunamas-como-karla/iceberg-violencia-genero-default/

Patricia Velarde

«Abro el periódico y veo que en Perú se registran 17 casos diarios de abuso sexual a menores de edad, donde el 81.5% de los agresores son familiares de la víctima. Días después, el reporte de un feminicidio en Ayacucho. “¿Por qué hay tanta violencia contra las mujeres allá?” Pregunta un amigo, y recuerdo un documental de la ONG Chirapaq, el cual explica cómo las torturas por parte de militares y senderistas hacia la población durante el conflicto armado interno recrudeció la violencia doméstica.

Pero la violencia de género nos traspasa constantemente. La vivimos, recordamos, y escuchamos sobretodo en las confesiones de amigas, novias, estudiantes, hijas. Duele, claro que sí. ¿Y qué hacemos? Desde mi experiencia en comunidades rurales e indígenas, es central reforzar la prevención y el enfoque interseccional, que nos permite identificar cómo afectan los diversos tipos de violencia según la edad, el género, el lugar de origen, la etnicidad y el nivel socioeconómico de las mujeres, así como el proponer, desde nuestras propias lógicas de vida y referentes culturales, cómo promover un coexistir libre de violencia entre seres.»